Algunos temas de marzo… parte I.

El de los tacones, las modelos perfectas en ropa interior de agent provocateur, los cuerpos perfectos, los imperfectos, las arrugas, las cirugías para quitar las arrugas, la puta edad y el puto feminismo. Todos esos temas del paquete número uno…

Este fin de semana pasado me fui a España (de trabajo) y anduve en chinga. Para esos viajes cortos y en general, yo ya aprendí desde hace ya mucho tiempo, a viajar muy ligero. Una maleta chica porque además cuando documento, siempre la mía se pierde y la de Juano llega bien, cosa que me enputa al máximo; pero además es porque de verdad odio las esperas (todas las esperas de la vida). Con lo cual mi atuendo se reduce a todo negro, unas botas o zapatos y unos tenis.

En esta ocasión por estar harta de mis botas vaqueras cómodas – que llevo puestas todo el pinche invierno – decidí llevarme otras, lleve mis botas casi-vintage que usaba todo el tiempo cuando vivía en NY, dichas botas me han acompañado en todo tipo de recorridos, metros, aviones, trenes, en la nieve, en las heladas… son de tacón mediano y me hacen sentir más arreglada, jamás me deshice de ellas porque además de ser un diseño de bota-timeless, en su momento me costaron un pinche dineral.

El caso es que decidí llevarlas conmigo. Y desde el aeropuerto de México, note que las cabronas botas, dejaron de ser lo que fueron.

(Y yo también).

 

El pedo de los viajes en invierno, es que nunca sabes si te dará frío o no – con lo que llevas  – pero de un modo u otro no acabas de encontrar el punto perfecto de la comodidad.

Yo con mis botas negras, mis jeans negros pegados-pero-ya-no-tan pegados-de-trying too hard, mi camisa negra, sweater negro y abrigo negro; me sentía cómoda.

Así anduve todos los días uniformada, negro arriba y abajo, y mis mendigas botas que para el día dos, ya me estaban matando.

Esas botas caras, queridas, cuidadas durante años, me estaban causando ya un puto malestar y mal humor que no podía ser.

Las estaba odiando.

Pero nomás no me las quitaba,

no puedo explicar bien porque.

 

Y el domingo de la marcha, comencé a odiar ese sentimiento de necesitar los tacones; llevo muchos años de no sentirme bien su no traigo puesto tacón.

No sé andar de tenis entre semana, para lo que es el modo-trabajo, no se andar sin algo de altura, aquí on en NY o en donde sea, siempre me gusta estar algo elevada.

Pero eso se acabó este fin de semana.

Me rehusó a seguir incomoda.

No lo soporto mas.

 

Me pregunte mucho… ¿de donde viene esa puta presión?

¿De donde viene esa puta adicción?

Y si es mera vanidad, creo que no es coherente con el momento que estamos viviendo las mujeres.

Aunque no sé aún cual sea mi posición final.

Pero lo que sí sé es que me arranque las putas botas el lunes.

Entre a Nike que era lo único cercano, compré los horrorosos tenis que le gustan a Juliana mi hija (misma talla muy a mi pesar), me los puse, cogí mis botas, las metí en la caja de Nike y las dejé olvidadas al propósito en una esquina.

Me despedí tantito de ellas.

Llegó su hora.

Yo no quiero nunca mas ponerme una bota incómoda.

No le veo sentido, la vida cada vez mas corta y estar batallando con ampollas no es digno de gente inteligente.

 

Llegando a México saque la mitad de mis zapatos y los puse en una maleta para regalarlos.

Todos los incómodos.

Que son muchos.

Incluidos y en primer lugar, unos zapatos altos y hermosos, que también estuvieron ridículamente caros, con los que corrí por toda la colonia Doctores persiguiendo y peleando con en pesado de mi novio hace unos años.

No me los pongo desde entonces, porque con su berrinche me hizo caminar calles y calles en esos tacones – a alta velocidad – tanto que llegué a casa con los pies sangrando y escondí esos zapatos al fondo del closet.

 

Jamás volveré a correr en tacones,

Jamás volveré a correr tras él o tras de nadie que me arme un berrinche.

 

Y he aquí una de los conclusiones y consecuencias de este marzo,

De este feminismo – que en mi – todavía no se acaba de acomodar,

De esta Sofia que después de tanto años,

Se empieza a encontrar.

Menos incomoda y mas tranquila.

 

A ver cuanto dura.

 

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