Las siestas de mi abuela…

Pinches tardes son lo más duro.

Me recuerdan a mi abuela Mely y a mi abuelo Paco.

Mis papás nos mandaban a Monterrey – a Héctor y a mi – a estar con ellos, a convivir con los abuelos. Básicamente deshacerse de nosotros y hoy que bien lo entiendo.

Y nos íbamos muy contentos, mi abuelo era todo a sus tiempos, pero mi abuela hacía todo por entretenernos; me enseño a coser y a mi hermano le enseño como cuidar su huerto.

Eran unos abuelos fuera de serie, todo era maravilloso menos una sola cosa: la puta hora de la siesta. Después de comer, era la cabrona y obligatoria siesta, y a mi me daba un coraje enorme, una gran hueva, nomás no lo entendía,

¿Por qué tienes que dormir abuela?…

– “Solo 15 minutos mijita… zzzzzzzzzzz”

Osea problemas para dormir, Yaya no tenía.

Yo sin embargo jamás entendí la siesta – hasta hoy – pues COVID me ha enseñado que de 5 a 9 pm la vida es como “ver pintura secar”, y si no jeteas al menos 30 minutos, la tarde es eterna.

Me acuerdo tanto de ellos dos, Ahí se quedaban en sus camas (tenían dos camas matrimoniales en el mismo cuarto), acostados, con ventiladores prendidos y un rayo de sol entrando por la ventana.

Quien conozca los veranos en Monterrey sabe bien de lo que hablo, estar afuera en el verano – durante la tarde – es imposible.

Había días que me acostaba en el mármol blanco de la entrada solo para sentir algo frío.

Pero ahora que pienso profundamente en ello, esa mujer – mi abuela – que se mantenía activa como una pinche hormiga desde el amanecer, debía cansarse. Mi abuelo Paco amanecía a las 4 am, él escuchaba su radio mientras tomaba café. Mi abuela se despertaba como a las 7 am y preparaba más café. Cuando nos levantábamos mi hermano y yo, nos daba desayuno completo, incluyendo el cream of wheat, que nos compraban en Mcallen, junto con otra diversa variedad de cereales (que en esa época no teníamos en el super). Y después hacía 100 cosas más en la casa, rematando con una super comida.

Los días siempre duraron años en Monterrey, la vida iba muy lenta. Siempre lo he dicho, aunque se enojen mis primas, (mi hermana Ana Cristina me entiende bien).

El caso es que este PUTO-COVID me trae en la nostalgia, hoy no deje de pensar en mi abuela, llevo toda la semana cosiendo, limpiando y chingando a mis hijos como ella. Incluso un par de días, eche la siesta (que pinche vergüenza).

COVID está transformando muchos hábitos,

está abriendo heridas,

está atando cabos.

y por ejemplo, ahorita estoy a punto de dormirme, y sigue el sol afuera…

Donde quiera que estén Abuela Mely y Paco,

los estoy extrañando tanto.

 

 

 

 

 

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